Prevención de riesgos

La rentabilidad del accidente

En estos tiempos que nos empujan a ser excelentes o a perecer en el intento, y en los que todo el mundo habla de la prevención de riesgos en las empresas, creo conveniente reflexionar sobre la utilidad del accidente.

 

De lo que somos a lo que hacemos

Las empresas excelentes parten de principios y valores, manteniendo actitudes que llevan a comportamientos dirigidos a conseguir resultados en su objetivo, léase creación de riqueza sostenible, con mayor o menor retorno social.

Para ello, las empresas estructuran sus organizaciones alineando los medios humanos y materiales, los procesos y las técnicas que aseguren los resultados que satisfacen más o menos las necesidades de la sociedad.

Podríamos representar esta síntesis como una cadena que lleva a las empresas desde lo que son (principios) a lo que hacen (resultados) así:

Si nos centramos en lo tangible, en los dos últimos eslabones, vemos que entre los comportamientos y los resultados existe la posibilidad del imprevisto: una de las consecuencias que tiene toda actividad real. Es el imprevisto, ese accidente que la prevención de riesgos intenta evitar.

 

Lo imprevisto en la prevención de riesgos

A pesar de aplicar todos los medios posibles para evitar lo imprevisto en seguridad industrial, el hecho de actuar lleva en sí mismo la probabilidad de fallo, y cuando ocurre lo imprevisto, con sus consecuencias humanas y/o materiales, parece que el sistema de prevención de riesgos queda en evidencia.

El accidente representa la apertura del eslabón que rompe la cadena ideal de la actividad empresarial entre los comportamientos y  sus objetivos, en el punto de mayor vulnerabilidad de la empresa.

 

Rentabilizar lo imprevisto

Incluyendo el eslabón de lo imprevisto, la cadena quedaría así:

Tras un suceso imprevisto (incidente o accidente), la empresa, no debe limitarse a  reaccionar para que ese accidente no vuelva a ocurrir. Cuando se persigue la excelencia, se va más allá: tras la toma de consciencia, la investigación exhaustiva, el análisis de comportamientos y la extrapolación de situaciones paralelas, se elabora una corrección de los comportamientos a través de la modificación y mejora del sistema de prevención de riesgos.

Este esquema muestra evidentemente que la vía de la prevención de riesgos es más eficiente y barata, pero también muestra que el camino del accidente (y el del incidente, -este sin coste) es una oportunidad de mejora de los comportamientos, que en la medida en la que somos capaces de mejorar, acaba optimizando el camino de la empresa hacia los resultados.

Este círculo virtuoso, pese a su coste en cuanto incluye un accidente, contribuye a reducir los futuros costes de producción, en la medida en que los comportamientos van mejorando y depurándose. Así, según van ocurriendo imprevistos, vamos mejorando la rentabilidad de los comportamientos, y los costes de los accidentes, cada vez menos graves y menos frecuentes, se van reduciendo.

Lógicamente la seguridad industrial es mucho menos costosa sin accidentes -es lo que perseguimos con nuestro trabajo para la prevención de riesgos-, pero cuando ocurre lo imprevisto, ¡sepamos sacar rentabilidad de sus costes!